La desigualdad de los presupuestos World Tour hacen insostenible el sistema

El ciclismo profesional atraviesa una paradoja fascinante y peligrosa a partes iguales. Por un lado, vivimos una época dorada en cuanto a espectáculo deportivo, con figuras como Tadej Pogačar o Jonas Vingegaard reescribiendo la historia en cada etapa. Por otro lado, la desigualdad de los presupuestos World Tour hacen insostenible el sistema económico sobre el que se sustenta este deporte centenario. Mientras unos pocos equipos nadan en la abundancia gracias a petrodólares o gigantes corporativos multinacionales, la gran mayoría del pelotón lucha por sobrevivir en una realidad financiera que amenaza con romper la competitividad y la viabilidad futura de la competición.

El modelo actual, dependiente en un 87% del patrocinio privado, está mostrando sus costuras más tensas. Con presupuestos que para 2026 rozarán un conjunto total de 663 millones de euros, la brecha entre los "súper equipos" y las escuadras tradicionales se ha convertido en un abismo difícil de sortear.

La escalada inflacionaria: Cifras que marean

El reciente informe presentado durante el seminario del WorldTour de la UCI en Ginebra ha puesto negro sobre blanco una realidad que era un secreto a voces. El ciclismo se ha encarecido de manera exponencial. Para la temporada 2026, se estima que el presupuesto medio de una cuadra de la categoría máxima ascenderá a 33 millones de euros, lo que representa un incremento del 4,5% respecto al año anterior y un salto gigantesco en comparación con los ciclos anteriores.

Sin embargo, la estadística de los "medios" es engañosa en este contexto. Al igual que ocurre en la economía global, el promedio esconde una polarización extrema. Mientras que estructuras como el UAE Team Emirates, el Visma-Lease a Bike, el INEOS Grenadiers y el recién llegado gigante Red Bull-Bora-Hansgrohe manejan cifras que superan holgadamente los 50 o incluso 60 millones de euros anuales, otros equipos históricos deben hacer malabares para cerrar sus cuentas con apenas 15 o 20 millones. Esta diferencia, que en términos de fútbol podría equipararse a la distancia entre el Real Madrid y un equipo de media tabla, es la que genera la distorsión competitiva.

La barrera de los 500 millones de euros en el presupuesto global de los 18 equipos se ha rebasado por primera vez, marcando un hito histórico de inversión, pero también de riesgo. El dinero llama al dinero, y los mejores corredores, auxiliares, entrenadores y tecnologías acaban concentrados en tres o cuatro autobuses, dejando al resto del pelotón peleando por las migajas de la visibilidad televisiva.

El fenómeno del "Dopaje Financiero"

El término "dopaje financiero" ha comenzado a resonar con fuerza en los pasillos de las grandes vueltas y en las oficinas de los directores deportivos. Ya no se trata de trampas médicas, sino de una superioridad económica tan abrumadora que anula la incertidumbre del deporte. Figuras del ciclismo como Jan Bakelants han criticado abiertamente esta deriva, señalando que los equipos pequeños se convierten en meras canteras para los grandes.

Cuando un equipo modesto descubre y pule a un talento joven, apenas tiene tiempo de disfrutarlo antes de que una oferta millonaria de un súper equipo se lo lleve, a menudo pagando cláusulas de rescisión que antes eran impensables en el ciclismo. Casos como el de Cian Uijtdebroeks o Juan Ayuso son sintomáticos de un mercado donde la lealtad tiene un precio que solo unos pocos pueden pagar.

Esta dinámica crea un círculo vicioso: los equipos ricos ganan más carreras, obtienen más retorno mediático y atraen aún más patrocinadores o justifican mayores inversiones de sus propietarios, mientras que los equipos medianos pierden visibilidad, lo que dificulta la renovación de sus patrocinadores, perpetuando su desventaja. La desigualdad de los presupuestos World Tour hacen insostenible el sistema porque elimina la clase media del ciclismo, polarizando la competición entre los que pueden ganar el Tour de Francia y los que solo aspiran a participar.

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Salarios: La brecha entre el líder y el gregario

La inflación presupuestaria se traslada directamente a los salarios de los ciclistas, pero de nuevo, de forma asimétrica. Si bien es cierto que el sueldo medio del pelotón ha subido, situándose alrededor de los 500.000 euros anuales, esta cifra está tremendamente distorsionada por los megacontratos de las superestrellas.

El ejemplo paradigmático es Tadej Pogačar. Su reciente renovación y estatus lo ubicando en una órbita propia, con emolumentos que, sumando primas y bonificaciones, pueden superar los 10 millones de euros anuales. Mientras tanto, el salario mínimo establecido por la UCI para un corredor del WorldTour se sitúa en 42.000 euros (aunque la realidad del mercado suele estar por encima, sigue habiendo una distancia sideral).

Existe además una diferencia notable entre los corredores "empleados" (común en estructuras francesas o belgas con altas cargas sociales) y los "autónomos" (habituales en otros equipos). La mediana salarial de los empleados se sitúa en 216.000 euros, mientras que la media de los autónomos se dispara a 654.000 euros, impulsada por las grandes figuras que residen en paraísos fiscales como Mónaco o Andorra.

Esta disparidad salarial no solo afecta a la moral del pelotón, sino que concentra el talento ganador. Si un equipo puede permitirse tener a tres líderes potenciales cobrando millones para que dos de ellos trabajen de gregarios, la competencia se desvirtúa. Vimos esto con el Visma-Lease a Bike ganando las tres Grandes Vueltas en un mismo año con tres corredores diferentes, algo inaudito que demuestra una profundidad de plantilla inalcanzable para el 90% de los equipos.

La respuesta de la UCI: ¿Llega tarde el tope presupuestario?

Ante este escenario, la Unión Ciclista Internacional (UCI) ha decidido, finalmente, tomar cartas en el asunto. Aprobado en 2024 y con vistas a entrar en vigor plenamente en 2026, se prepara un sistema de "tope presupuestario" o límite de gastos.

La medida busca emular, con las adaptaciones necesarias, los modelos de éxito de ligas norteamericanas o el reciente techo de gasto de la Fórmula 1. El objetivo no es tanto la supervivencia económica de los clubes (como ocurre con el Fair Play Financiero del fútbol), sino la preservación de la equidad deportiva.

Sin embargo, la implementación de estas normas es extremadamente compleja.

  1. Diferencias Fiscales: No cuesta lo mismo contratar a un ciclista en Francia, con cargas sociales elevadas, que en los Emiratos Árabes o bajo bandera suiza.
  2. Patrocinios Encubiertos: ¿Cómo controlar que un patrocinador personal de un ciclista no esté cubriendo parte de su salario fuera de la nómina del equipo?
  3. Divisas: La volatilidad de las monedas en un deporte global complica la estandarización de un tope fijo.

La UCI se enfrenta al reto de "podar" los gastos de los gigantes sin provocar una huida de patrocinadores. Si se limita demasiado la inversión, marcas como Red Bull o Ineos podrían perder interés si no pueden garantizar la supremacía que su inversión busca. Es un equilibrio delicado, pero necesario, ya que la desigualdad de los presupuestos World Tour hacen insostenible el sistema a largo plazo si no se corrige el rumbo.

El papel de los patrocinadores: Gigantes vs. Históricos

Para entender la fragilidad del sistema, hay que mirar quién paga la fiesta. A diferencia del fútbol, ​​donde los derechos de televisión y la venta de entradas suponen una gran parte de los ingresos, en el ciclismo el 87% del dinero viene directamente de las marcas que ponen su nombre en el maillot.

El panorama actual de patrocinadores refleja la desigualdad global:

  • Estados y Petrodólares: UAE Team Emirates (Emiratos Árabes), Bahrain-Victorious, y en menor medida Astana (Kazajistán). Estos equipos cuentan con un respaldo casi ilimitado que responde a estrategias de "poder blando" geopolítico.
  • Multinacionales Globales: Red Bull, Ineos (química), Lidl (supermercados), Decathlon. Empresas con facturaciones billonarias para las que 50 millones son una partida de marketing asumible.
  • Patrocinadores Tradicionales: Movistar (teleco), Cofidis (créditos), Groupama-FDJ (seguros/lotería), Intermarché. Empresas grandes, pero que deben justificar cada euro de retorno de inversión ante sus accionistas y no pueden competir en la subasta inflacionaria.

La llegada de nuevos actores como el fabricante chino XDS al equipo Astana promete agitar aún más el avispero, inyectando capital asiático en un mercado ya saturado de dinero.

El caso del Movistar Team es ilustrativo de la situación de los equipos "terrenales". Siendo una de las estructuras más longevas y respetadas, con un presupuesto que ronda los 20 millones de euros, se ve incapaz de retener a grandes estrellas frente a ofertas que duplican o triplican su capacidad salarial. Esto obliga a estos equipos a reinventarse, buscar talento muy joven o apostar por estrategias de carrera alternativas, a menudo defensivas, para rascar puntos UCI que eviten el descenso.

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Tecnología y Desigualdad: No es solo cuestión de piernas

El dinero no solo compra piernas; compra vatios "gratis". Los equipos con mayores presupuestos tienen acceso a túneles de viento exclusivos, desarrollos de material a medida, nutricionistas personalizados y campos de entrenamiento en altura de lujo.

La reciente controversia entre SRAM y la UCI sobre la limitación de desarrollos es un ejemplo de cómo la tecnología y la reglamentación chocan. Pero más allá de las normas, la realidad es que un equipo como el Visma-Lease a Bike puede permitirse un departamento de "Performance" con docenas de ingenieros y científicos de datos, mientras que un equipo de la cola del pelotón puede tener un solo entrenador para toda la plantilla.

Esta brecha tecnológica amplifica la diferencia física. Si el mejor ciclista tiene además la mejor bicicleta, la mejor ropa aerodinámica y la mejor estrategia nutricional, la competición se vuelve predecible. Y la predictibilidad es el veneno del espectáculo deportivo.

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El Ciclismo Femenino: Creciendo a la sombra de la desigualdad

Si la situación en el masculino es preocupante, en el ciclismo femenino la brecha es estructural, aunque las dinámicas son diferentes. El presupuesto total de los equipos femeninos ha aumentado notablemente, alcanzando los 70 millones de euros, pero sigue estando a años luz del masculino.

La media salarial de las mujeres se sitúa en unos 85.000 euros, una cifra que, aunque supone un avance respecto a la precariedad de hace un lustro, palidece ante los 500.000 euros de media en hombres. Además, la exigencia de profesionalización impuesta por la UCI para acceder a categorías superiores ha provocado un efecto de "selección natural" brutal. Equipos que no han podido triplicar sus presupuestos para cumplir con los nuevos requisitos (salarios mínimos, seguridad social, personal médico) han desaparecido o se han visto relegados al amateurismo.

En el pelotón femenino también empezamos a ver la formación de "súper equipos" (SD Worx, Lidl-Trek) que dominan con mano de hierro, replicando el modelo masculino y generando las mismas dudas sobre la sostenibilidad de un sistema donde solo unas pocas pueden vivir dignamente del ciclismo mientras el resto sobrevive.

Un futuro en la encrucijada

El ciclismo se encuentra en una encrucijada vital. La entrada de grandes capitales ha profesionalizado el deporte, mejorado las condiciones de vida de muchos ciclistas y elevado el nivel técnico. Sin embargo, la desigualdad de los presupuestos World Tour hacen insostenible el sistema actual si no se introducen mecanismos correctores eficaces.

La dependencia extrema de patrocinadores privados, sumada a la inflación de costos provocada por la guerra de ofertas entre los súper equipos, crea una burbuja que podría estallar si las grandes mecenas deciden retirar su apoyo. Si Red Bull o el gobierno de los Emiratos decidieran mañana que el ciclismo ya no es rentable para sus intereses, el agujero que dejarían sería imposible de llenar por el mercado tradicional.

La UCI tiene ante sí el reto más grande de su historia reciente: implementar un límite presupuestario que funcione de verdad, redistribuir los ingresos de manera más justa y garantizar que el talento, y no solo la chequera, sea lo que determine quién cruza primero la línea de meta en los Campos Elíseos. De lo contrario, corremos el riesgo de ver un Tour de Francia convertido en una copa monomarca donde solo compiten diferentes departamentos de una misma élite financiera.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Cuál es el presupuesto medio de un equipo World Tour en 2025/2026?

El presupuesto medio se sitúa alrededor de los 33 millones de euros anuales, aunque hay una gran disparidad entre los equipos más ricos (más de 50-60 millones) y los más modestos (alrededor de 15-20 millones).

¿Cuánto cobra el ciclista mejor pagado del mundo?

Tadej Pogačar es actualmente el ciclista mejor pagado, con un salario base estimado en 8 millones de euros, que puede superar los 10 millones incluyendo primas y bonificaciones por resultados.

¿Qué es el "dopaje financiero" en el ciclismo?

Es un término utilizado para describir la situación en la que equipos con recursos económicos casi ilimitados (a menudo respaldados por estados o grandes multinacionales) acaparan el mejor talento y tecnología, haciendo imposible que los equipos tradicionales compitan en igualdad de condiciones.

¿Existe un límite salarial en el ciclismo profesional?

Actualmente no existe un límite salarial estricto como en la NBA. Sin embargo, la UCI ha aprobado una normativa para introducir un límite presupuestario o techo de gasto a partir de la temporada 2026 para intentar igualar la competición.

¿Cuál es el salario mínimo en el World Tour?

Para la temporada 2025, el salario mínimo de un ciclista del World Tour (hombres) ronda los 42.000 euros anuales para neoprofesionales y algo más para profesionales consolidados, aunque la media real es mucho más alta.

¿Por qué se dice que el sistema es insostenible?

Porque depende en casi un 90% del patrocinio de marcas. Si los costos siguen subiendo por la inflación de los "súper equipos", las marcas tradicionales no podrán pagar para estar en el ciclismo, lo que podría llevar a la desaparición de equipos históricos y una reducción del pelotón.

¿Cómo afecta esta desigualdad al ciclismo femenino?

Aunque las cifras son menores, la dinámica es similar. Las nuevas exigencias económicas de la UCI han obligado a muchos equipos femeninos a desaparecer o renunciar a categorías profesionales por no poder triplicar sus presupuestos para cumplir con los requisitos mínimos, concentrando el talento en pocas escuadras.

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Daniel Diaz

Mi experiencia y conocimiento siguen siendo un recurso invaluable para aquellos que buscan mejorar sus habilidades y disfrutar al máximo de su amor por las bicicletas.

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